viernes, 17 de mayo de 2013

el heroe-maximo gorki

En las épocas antiguas, existía un país rodeado de bosques impenetrables; a uno de sus lados aparecía una estepa inmensa que se perdía a lo lejos, a lo lejos, en el horizonte... 

En aquel país vivía un pueblo poderoso. Llenos de ardor y de fuerza, aquellos hombres tenían alegría de vivir y nada deseaban. Pero un día sucedieron grandes desgracias. De más allá de la estepa cayó sobre ellos un ejército extranjero y los arrojó a lo más profundo del bosque, ahí donde las nieblas flotan sobre los pantanos. 

Los árboles crecían tan cerca unos de otros, que sus ramas entrelazadas ocultaban el cielo; apenas si el sol las podía atravesar, y cuando sus rayos llegaban hasta la superficie de las aguas embarradas, los malos olores hacían sufrir a los pulmones más fuertes. Y las mujeres y los niños gemían, y tristes pensamientos oscurecían las caras de los hombres. 

Querían abandonar esos lugares malditos. Pero ¿que hacer? ¿Volver a caer en las manos crueles de los enemigos, o ir más adentro del bosque, hacia lo desconocido? Ninguno tenía animo para tomar una resolución, aunque todos eran fuertes como robles. 

Silenciosos, duros como si fueran de piedra, se veían los troncos de los árboles en la penumbra gris; en la tarde, cuando las hogueras del campamento estaban encendidas, sus ramas parecían querer enlazar a los hombres en un abrazo más estrecho todavía. Y cuando el viento sacudía su follaje, la gran voz del bosque dejaba oír un extraño gemido, un lamento amenazador, una especie de canto fúnebre para los desgraciados que se habían refugiado a su amparo. 

Continuaban pensando, mudos, respirando el vapor venenoso de las aguas; continuaban durmiendo junto a las hogueras del campamento, a cuyos reflejos parecían danzar sombras silenciosas... Y creían que esas sombras eran los malos espíritus del bosque que se burlaban de ellos. 

Nada destruye tanto el cuerpo y el alma como la falta de ánimo. Por eso aquellos hombres, poco a poco, se debilitaban y perdían la voluntad. La cobardía y el aburrimiento se apoderaban de ellos y nada hacían con sus manos, antes tan robustas. Ante los cadáveres de aquellos que cada día morían por los vapores de los pantanos, las mujeres gritaban y se lamentaban con desesperación y los llantos subían hacia el aire sombrío. Otras veces, llenos de rabia, pensaban en ir contra el enemigo aunque perdieran la vida o la libertad, porque la esclavitud y la muerte eran preferibles a aquella tortura. 

Entonces, entre los hombres, se distinguió Danko. 

Tenía la belleza y el ardor de la juventud. Los hombres hermosos siempre son valientes. Miró a sus compañeros y les dijo:
-Hermanos, el pensamiento no resuelve, por sí solo, los problemas; necesita de la acción. Si hay una piedra en medio del camino, con pensar solamente en que es un estorbo no va a desaparecer. Es preciso la acción para sacar la piedra del paso. ¿Por qué gastar nuestras fuerzas en pensamientos tristes? ¡Levántense! Atravesemos el bosque. Como todas las cosas de la tierra, el bosque también tendrá su fin. Vamos, hermanos, ¡en marcha! 

Todos miraron al que hablaba así. En sus ojos había tanta seguridad, estaba tan seguro de la victoria, que, como un solo hombre, todos alargaron sus brazos hacia él y lo aclamaron. 

Se puso delante de todos y ellos lo siguieron, llenos de confianza. El camino era difícil. Los arboles, las ramas, se enredaban como serpientes, formando una pared casi impenetrable; todos los días alguien moría en las profundidades del pantano. Cuanto más adelantaban, más el bosque y el pantano multiplicaban sus peligros; y más se agotaban las fuerzas de los hombres. 

Empezaron a oírse quejas. Se dudó de Danko, decían que era muy joven y sin experiencia. 
-Va sin rumbo... Nos extravía... 

Pero Danko iba siempre adelante de todos, a la cabeza, sin perder su coraje y seguro de triunfar. 

Un día una gran tempestad hizo oír su amenazadora voz y al bosque lo envolvió una gran oscuridad, como si todas las noches, desde el nacimiento de la tierra, hubieran juntado en aquel lugar su horror angustioso. 

Bajo los árboles gigantescos caminaban los hombres pequeñísimos, y las plantas robustas le doblaban como rosales. Zigzagueaban los relámpagos lanzando, a través de la noche, sus garras luminosas, como para apresar a los seres perdidos que escapaban, tan pronto encandilados por la luz como hundidos en la oscuridad. 

Por fin se detuvieron, extenuados, y rodearon a Danko. Empezaron a gritar: 
-¡Nos ha engañado...! ¡Nos ha perdido... ¡Muera! ¡Muera! 

De repente, la tormenta se calmó. Un último relámpago, como un presagio, pareció confirmar las palabras de los hombres, y un estremecimiento de placer pasó sobre las cimas. 

-¡Hombres débiles! -gritó Danko-. Ustedes me eligieron como guía. Conozco el fin y a él voy, sin hacer caso de las dificultades. Pero ustedes se dejan desilusionar por la extensión del camino y no conservan ni el valor ni la fuerza. Y es un rebaño de corderos lo que yo llevo detrás de mí. 

Otra vez el bosque escuchó gritos de muerte. Danko miró a aquellos por quienes se había sacrificado y vio que eran semejantes a las bestias. Detrás de los ojos que lo miraban no había almas. Comprendió que ninguno le tendría compasión y, ante esa ignorancia, estalló la ira en su corazón. Luego sintió una piedad muy grande, una angustia tremenda, y pensó que, sin él, aquel pueblo querido caminaría hacia la muerte. Y entonces sintió más necesidad de salvar a aquellos miserables. Este deseo iluminó su mirada, pero, sin comprenderlo y para luchar contra él, se apretujaron más estrechamente a su alrededor. 

Y la muchedumbre vociferaba sin cesar; los relámpagos herían la noche y el bosque murmuraba siempre su triste canción.

Permaneció con la frente en alto; sus ojos brillaban, llenos de todo su amor. 

-¡Sálvalos! -se gritó con una voz que dominó los ruidos de la tormenta. 

Y entonces, abriéndose el pecho con las uñas, se sacó el corazón y lo levantó en alto, con las dos manos, por encima de su cabeza. 

El corazón iluminaba como el sol. 
De repente el bosque quedó en silencio, y ante la llama de amor, la oscuridad retrocedió, cediéndole el sitio. Sobre los mismos yuyos, a ras de las aguas estancadas, la luz se extendía... 

-¡Vamos! -gritó Danko, y echó a caminar. Con paso seguro, ocupando su lugar; siempre en alto, para mostrar el camino, el corazón luminoso. 

Todos le siguieron. El bosque, sorprendido, sacudió su ramaje y nuevamente hizo oír sus rumores. Pero los pasos seguros de los hombres apagaron su voz. Porque ahora marchaban todos sin miedo, guiados por la luz del corazón llameante, dominados por una fuerza irresistible y mágica. Aún caían muchos, pero morían contentos, sin una lágrima, sin un lamento. 

Danko caminaba siempre delante de sus compañeros, sosteniendo su corazón rodeado de luz. 

Y de repente el bosque, como si se declarara vencido, les dejó libre el paso y se separó de ellos, cerrando después su espeso muro. Con todo su pueblo, Danko entró en la luz, en el sol, en el aire puro que perfumaban las plantas. 

La tempestad había quedado atrás. El sol extendía su resplandor sobre la estepa ondulada cubierta de flores. Miles de gotas de rocío brillaban entre la hierba. 

Atardecía. Los rayos del sol se ocultaban, coloreando de púrpura las aguas del río, cuyas espumas se volvían rojas como la sangre que manaba del pecho de Danko. 

Moribundo ya, miró por última vez la estepa inmensa en que su pueblo, ahora libre, iba a vivir. Y el héroe cayó al suelo y murió. 

A lo lejos, los árboles admirados murmuraron; sobre el césped salpicado de su sangre, corrió una brisa. Pero los hombres alegres, llenos de esperanza, no pensaban ya en él y no se daban cuenta de que el corazón ardiente llameaba siempre al lado del muerto. 

Uno de ellos lo vio de pronto y, con prudencia lo aplastó con el pie. 

El corazón de Danko despidió aún algunos resplandores; luego se apagó. 

Y es de este corazón de donde salen todavía las luces azules que, antes de la tormenta, brillan en la estepa como pequeñas lenguas de fuego. 


Máximo Gorki (1868-1936)

martes, 30 de abril de 2013

ANTIPOESIA



Los llamados 'antipoemas' del escritor chileno Nicanor Parra representan una de las rupturas de la escritura latinoamericana con el sujeto lírico tradicional. La antipoesía es un escritura autocrítica, festiva, burlona acerca del lenguaje, el objeto y el Autor. Aquí una selección de antipoemas:

LA MONTAÑA RUSA

Durante medio siglo
la poesía fue
el paraíso del tonto solemne.
Hasta que vine yo
y me instalé con mi montaña rusa.

Suban, si les parece.
Claro que no respondo si bajan
echando sangre por boca y narices.

*

USA

Donde la libertad
es una estatua.


*

TEST

Qué es un antipoeta:
Un comerciante en urnas y ataúdes?

Un sacerdote que no cree en nada?
Un general que duda de sí mismo?
Un vagabundo que se ríe de todo
Hasta de la vejez y de la muerte?
Un interlocutor de mal carácter?
Un bailarín al borde del abismo?
Un narciso que ama a todo el mundo?
Un bromista sangriento
Deliberadamente miserable?
Un poeta que duerme en una silla?
Un alquimista de los tiempos modernos?
Un revolucionario de bolsillo?
Un pequeño burgués?
Un charlatán?
.................... un dios?
................................. un inocente?
Un aldeano de Santiago de Chile?
Subraye la frase que considere correcta.

Qué es la antipoesía:
Un temporal en una taza de té?
Una mancha de nieve en una roca?
Un azafate lleno de excrementos humanos
Como lo cree el padre Salvatierra?
Un espejo que dice la verdad?
Un bofetón al rostro
Del Presidente de la Sociedad de Escritores?
(Dios lo tenga en su santo reino)
Una advertencia a los poetas jóvenes?
Un ataúd a chorro?
Un ataúd a fuerza centrífuga?
Un ataúd a gas de parafina?
Una capilla ardiente sin difunto?

Marque con una cruz
La definición que considere correcta


*

Manifiesto

Señoras y señores
Esta es nuestra última palabra.
-Nuestra primera y última palabra-
Los poetas bajaron del Olimpo.

Para nuestros mayores
La poesía fue un objeto de lujo
Pero para nosotros
Es un artículo de primera necesidad:
No podemos vivir sin poesía.

A diferencia de nuestros mayores
-Y esto lo digo con todo respeto-
Nosotros sostenemos
Que el poeta no es un alquimista
El poeta es un hombre como todos
Un albañil que construye su muro:
Un constructor de puertas y ventanas.

Nosotros conversamos
En el lenguaje de todos los días
No creemos en signos cabalísticos.

Además una cosa:
El poeta está ahí
Para que el árbol no crezca torcido.

Este es nuestro mensaje.
Nosotros denunciamos al poeta demiurgo
Al poeta Barata
Al poeta Ratón de Biblioteca.
Todos estos señores
-Y esto lo digo con mucho respeto-
Deben ser procesados y juzgados
Por construir castillos en el aire
Por malgastar el espacio y el tiempo
Redactando sonetos a la luna
Por agrupar palabras al azar
A la última moda de París.
Para nosotros no:
El pensamiento no nace en la boca
Nace en el corazón del corazón.

Nosotros repudiamos
La poesía de gafas oscuras
La poesía de capa y espada
La poesía de sombrero alón.
Propiciamos en cambio
La poesía a ojo desnudo
La poesía a pecho descubierto
La poesía a cabeza desnuda.

No creemos en ninfas ni tritones.
La poesía tiene que ser esto:
Una muchacha rodeada de espigas
O no ser absolutamente nada.

Ahora bien, en el plano político
Ellos, nuestros abuelos inmediatos,
¡Nuestros buenos abuelos inmediatos!
Se refractaron y se dispersaron
Al pasar por el prisma de cristal.
Unos pocos se hicieron comunistas.
Yo no sé si lo fueron realmente.
Supongamos que fueron comunistas,
Lo que sé es otra cosa:
Que no fueron poetas populares,
Fueron unos reverendos poetas burgueses.

Hay que decir las cosas como son:
Sólo uno que otro
Supo llegar al corazón del pueblo.
Cada vez que pudieron
Se declararon de palabra y de hecho
Contra la poesía dirigida
Contra la poesía del presente
Contra la poesía proletaria.

Aceptemos que fueron comunistas
Pero la poesía fue un desastre
Surrealismo de segunda mano
Decadentismo de tercera mano
Tablas viejas devueltas por el mar.
Poesía adjetiva
Poesía nasal y gutural
Poesía arbitraria
Poesía copiada de los libros
Poesía basada
En la revolución de la palabra
En circunstancias de que debe fundarse
En la revolución de las ideas.
Poesía de círculo vicioso
Para media docena de elegidos:
«Libertad absoluta de expresión».

Hoy nos hacemos cruces preguntando
Para qué escribían esas cosas
¿Para asustar al pequeño burgués?
¡Tiempo perdido miserablemente!
El pequeño burgués no reacciona
Sino cuando se trata del estómago.

¡Qué lo van a asustar con poesías!

La situación es ésta:
Mientras ellos estaban
Por una poesía del crepúsculo
Por una poesía de la noche
Nosotros propugnamos
La poesía del amanecer.
Este es nuestro mensaje,
Los resplandores de la poesía
Deben llegar a todos por igual
La poesía alcanza para todos.

Nada más, compañeros
Nosotros condenamos
-Y esto sí que lo digo con respeto-
La poesía de pequeño dios
La poesía de vaca sagrada
La poesía de toro furioso.

Contra la poesía de las nubes
Nosotros oponemos
La poesía de la tierra firme
-Cabeza fría, corazón caliente
Somos tierrafirmistas decididos-
Contra la poesía de café
La poesía de la naturaleza
Contra la poesía de salón
La poesía de la plaza pública
La poesía de protesta social.
Los poetas bajaron del Olimpo.


*


de Hojas de Parra (1985)

El Hombre Imaginario

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario

*

Entonces

no se extrañen
si me ven simultáneamente
en dos ciudades distintas

oyendo misa en una capilla del Kremlin
o comiéndome un hot-dog
en un aeropuerto de Nueva York

en ambos casos soy exactamente el mismo
aunque parezca absurdo soy el mismo.



LA FAMILIA AUTORITARIA COMO APARATO DE EDUCACIÓN por Wilhelm Reich


La familia coercitiva es el primer lugar donde se gesta la atmósfera conservadora. Su prototipo es el triángulo padre-madre-hijo. Dado que la familia es la base o núcleo de la sociedad humana, estudiar sus transformaciones a lo largo de la historia y su función social nos permite comprobar que es el resultado de estructuras económicas determinadas. Nosotros no la consideramos como la piedra angular o la base de la sociedad, sino más bien como un resultado de ciertas condiciones económicas: familia matriarcal, patriarcal, zadruga, patriarcado polígamo o monógamo... Cuando la sexología, la moral y el derecho señalan a la familia como la base del Estado y de la sociedad no se equivocan: la familia autoritaria coercitiva es de modo indisoluble parte integrante y condición sine qua non del Estado y la sociedad autoritarias. 

Su cometido de primer orden, aquel por el cual la familia es defendida a ultranza por la ciencia y el derecho conservadores, es el de servir como fábrica de ideologías autoritarias y de estructuras mentales conservadoras. Es el aparato de educación por el que ha de pasar, casi sin excepciones, todo miembro de nuestra sociedad desde el primer hálito de vida. Inculca en el niño la ideología reaccionaria, no únicamente por ser una institución de carácter autoritario, sino como vamos a ver enseguida, por su propia estructura. La familia es el enlace entre la estructura económica de la sociedad conservadora y su superestructura ideológica; su atmósfera reaccionaria se incrusta inexorablemente en cada uno de sus miembros. Por su propia forma y por influencia directa transmite las ideas y actitudes conservadoras al orden social; además, por la estructura sexual de la que nace y que a su vez reproduce, la familia ejerce un influjo conservador directo sobre la sexualidad de los niños. No es un azar que la juventud más reaccionaria sea también la más adicta a la familia, mientras que la juventud revolucionaria es por principio hostil a ella. 


Todo esto está en íntima correspondencia con la atmósfera y estructura antisexuales de la familia, así como con las relaciones que tienen sus miembros entre sí. 


Por tanto, si consideramos la labor educativa de la familia, debemos examinar dos hechos distintos: primero, la influencia de las ideologías sociales concretas sobre la juventud por medio de la familia; segundo, la influencia inmediata que tiene su estructura triangular por sí misma. 


La influencia de la ideología social 


Las familias de la alta y de la baja burguesía se diferencian entre sí, y estas a su vez de las de los obreros industriales. Pero en todas ellas predomina la misma atmósfera sexual moralizante. Este moralismo sexual no excluye la moral peculiar de cada clase social; en este punto viven y crecen en compañía. Por ello tomaremos como referencia el tipo predominante de familia: la de clase media baja.


La base de la familia de clase media es la relación al estilo patriarcal del padre con la esposa y con los hijos. El padre es, por así decirlo, el portavoz y representante de autoridad estatal en la familia. Es una especie de sargento, subordinado en el proceso de producción y jefe en su función familiar. Mira desde abajo a sus superiores, se impregna de la ideología dominante, a la que imita, y es todopoderoso con sus inferiores. No se limita a transmitir las ideas de la jerarquía y de la sociedad, sino que las impone.


En cuanto a la ideología sexual, no hay diferencia entre la concepto de matrimonio que tienen las clases medias y la idea básica de familia predominante: el del matrimonio monógamo de por vida. Por miserable y desesperada, por dolorosa e insoportable que sea la situación conyugal y la convivencia familiar, sus miembros están obligados ideológicamente a justificarla tanto hacia dentro como hacia fuera. Por necesidad social se coloca una máscara en el rostro de la miseria y, para idealizar la familia y el matrimonio, se saca de la manga el sentimentalismo familiar omnipresente con sus marbetes de hogar feliz y protector, de puerto tranquilo que, según dicen, es la familia para los niños. Y por el hecho de que en nuestra propia sociedad la situación es aún peor, ya que la sexualidad carece por completo de apoyo material, legal o ideológico, se concluye a la ligera que la familia es una institución natural biológica. El juego de engañarse a sí mismo, así como las proclamas sentimentales, de capital importancia para la creación de esta atmósfera ideológica, son psicológicamente indispensables, ya que contribuyen a que el psiquismo sobrelleve la intolerable situación familiar. Así se explica que el tratamiento de la neurosis, al barrer las ilusiones y poner la cruda verdad ante los ojos, pueda romper los lazos conyugales y familiares.


El fin primordial de la educación desde sus pasos iniciales es preparar a los niños para el matrimonio y para la familia. La formación profesional viene mucho más adelante. La educación negadora de la sexualidad no es un solo un dictado de la atmósfera social; es también la consecuencia necesaria de la represión sexual de los adultos. Sin un alto grado de resignación sexual, la existencia en el ambiente de la familia coercitiva sería imposible.


En la familia conservadora típica, la sexualidad se reviste de una forma específica que moldea la mentalidad del individuo para el matrimonio y la familia. En realidad, el niño queda fijado a sus fases eróticas pregenitales porque la actividad sexual es drásticamente inhibida, al quedar prohibida la masturbación, y desviada hacia las funciones alimenticias y excretoras. La fijación pregenital y la inhibición genital son las causas de un desplazamiento del interés sexual en la dirección del sadismo. Además, se reprime activamente la curiosidad sexual infantil, lo cual entra en abierta contradicción con las condiciones de la vivienda, donde se desarrolla la conducta sexual de los padres y hay un ambiente cargado de sexualidad. Desde luego, los niños se dan cuenta de la situación, aunque la desfiguren e interpreten a su manera. 


La inhibición ideológica y educativa de la sexualidad, combinada con la observación de los actos íntimos de los adultos, van enseñando al niño los fundamentos de la hipocresía sexual. Esto se atenúa un poco en las familias obreras, donde las funciones alimenticias y digestivas tienen menos relieve y la actividad genital vive más a sus anchas y es menos tabú. Las contradicciones se suavizan y el acceso a la genitalidad está más despejado para los niños de estas familias. Ahora bien, esto se debe únicamente a las condiciones económicas de la clase obrera. Si un obrero mejora de situación económica y se sitúa más alto en la jerarquía cambia de mentalidad y sus hijos están expuestos a una presión más fuerte de la moralidad conservadora. 


Mientras que en la familia conservadora la represión sexual es más o menos completa, se mitiga su efecto en el ambiente obrero porque los niños, las más de las veces, viven abandonados a sí mismos. 


La estructura triangular. 


Por su estructura triangular, la familia transmite al niño la ideología social conservadora. Freud descubrió que el niño desarrolla afectos sexuales bien definidos, tiernos y sensuales, hacia sus padres; este descubrimiento es fundamental para comprender la evolución sexual del individuo. El llamado Complejo de Edipo designa todas estas relaciones, conocidas tanto por su intensidad como por las extremas consecuencias que tiene para la estructura familiar y el entorno social.


El niño dirige sus primeros impulsos afectivos genitales hacia las personas más cercanas, generalmente los padres. Típicamente el niño ama a su madre y odia a su padre, mientras que la niña hace lo contrario. Estos sentimientos de odio y de celos se impregnan pronto de temor y de culpabilidad. La imposibilidad de satisfacer el deseo incestuoso obliga a la represión del deseo, y de esta represión nacen casi todos los trastornos de la vida sexual posterior.


Sin embargo, no hay que olvidar dos hechos de la máxima importancia para el desenlace de esta experiencia infantil. En primer lugar, no habría represión si el muchacho, aunque forzado a renunciar al incesto, pudiera practicar el onanismo y los juegos genitales infantiles. Los adultos no admiten con agrado este tipo de juegos sexuales (el de los médicos, o el de ser novios) que aparecen de modo espontáneo cuando los niños permanecen largo tiempo reunidos a solas; y como ellos saben que a los mayores no les gustan, lo hacen a escondidas y con sentimientos de culpabilidad que determinarán fijaciones lúbricas perjudiciales. El niño que no participa en estos juegos cuando tiene ocasión demuestra ser un buen alumno del sistema educativo familiar, y al mismo tiempo un candidato seguro a sufrir graves trastornos en su futura vida sexual. Ya no es posible cerrar los ojos ante la evidencia de estos hechos ni escapar a sus consecuencias, imposibles de evitar por la educación autoritaria.


La represión de los impulsos sexuales primarios está condicionada, cualitativa y cuantitativamente, por la manera de pensar y de sentir de los padres, según sean más o menos severos, con una actitud más o menos contraria a la masturbación, etc.


El hecho de que el niño desarrolle su genitalidad en el hogar paterno, en la crítica edad que va de los cuatro a los seis años, le impone las soluciones típicas de la educación familiar. Un niño que desde los tres años fuera educado en la compañía de otros niños y sin la influencia de la fijación a los padres, desarrollaría una sexualidad completamente distinta. No se debe pasar por alto tampoco que la educación individualista de la familia malogra la educación colectiva, aun cuando el niño pase varias horas al día en la guardería. En realidad, la educación familiar tiene mucha más influencia sobre la guardería que al revés. 


El niño no puede aludir, entonces, la fijación sexual y autoritaria a los padres. La autoridad paterna, severa o no, le oprime, aunque sólo sea por la desproporción extraordinaria que hay entre su talla y la de sus padres. Muy pronto, la fijación autoritaria se desembaraza de la fijación sexual y la reduce a la existencia inconsciente; luego, cuando los intereses sexuales se dirijan hacia el mundo extrafamiliar, esta fijación autoritaria se alzará entre los intereses sexuales y la realidad como una barrera inhibitoria infranqueable. Precisamente porque esta fijación autoritaria es en gran medida inconsciente, se sustrae a la voluntad. Poco importa que esta fijación inconsciente a la autoridad de los padres tome a menudo la apariencia de rebelión de tipo neurótico. Esta no puede suprimir los intereses sexuales si no es, quizás, bajo la forma de acciones sexuales impulsivas que muestran una conexión patológica entre sexualidad y los sentimientos de culpabilidad. Desarraigar esta fijación es un prerrequisito básico para una vida sexual sana; pero tal como están las cosas hoy en día, pocos lo consiguen.


La fijación a los padres, en su doble aspecto de fijación sexual y de sumisión a la autoridad paterna, hace muy difícil, si no imposible, que los púberes accedan a la realidad sexual y social. El ideal conservador de muchacho pacato y de la muchacha irreprochable, momificados en el infantilismo hasta bien entrada su vida de adultos, es diametralmente opuesto a la idea de una juventud libre e independiente. 


Otro signo típico de la educación familiar es que los padres, y en particular la madre, si no está obligada a trabajar fuera de casa, buscan en sus hijos, para gran desgracia de ellos, la gran satisfacción de su vida. Los niños se convierten entonces en animalitos domésticos, a quienes se les puede amar, pero también maltratar a voluntad. Que la actitud emocional de los padres hace a los hijos ineptos para la tarea educativa es una verdad tan conocida que no merece más mención. La miseria conyugal, en la medida en que no se agota en las divergencias de la pareja, se derrama sobre los hijos; esto ya es en si un nuevo prejuicio para su independencia y para su estructura sexual. Pero además crea otro conflicto: su rechazo al matrimonio, por la miseria conyugal que han visto en sus padres. En la pubertad se producen frecuentes tragedias cuando los muchachos, felizmente a salvo ya de la peligrosa educación sexual infantil, intentan también liberarse de las ataduras familiares. 


Así pues, la restricción sexual que los adultos deben imponerse para poder tolerar la existencia conyugal y familiar, influye en los hijos. Y como estos, a su vez, por razones económicas, tienen que zambullirse de nuevo en la vida familiar, la restricción sexual se perpetúa de generación en generación. 


Puesto que la familia coercitiva, desde el punto de vista económico e ideológico es parte constitutiva de la sociedad autoritaria, sería ingenuo esperar que desaparezcan sus estragos en el marco de esta sociedad. Además, no hay que olvidar que estos estragos son inherentes a la constitución misma de la familia y están fuertemente anclados en cada individuo gracias a mecanismos inconscientes. 


A la inhibición sexual que proviene directamente de la fijación a los padres se añaden los sentimientos de culpabilidad derivados del enorme odio acumulado en el transcurso de los muchos años de vida familiar. Si este odio permanece consciente, puede desencadenar una poderosa fuerza revolucionaria; hace que el individuo rompa sus ataduras familiares y podrá convertirse en fuerza motriz de para intervenciones racionales contra las causas reales de este odio. 


Si por el contrario, el odio es reprimido, conduce a la fidelidad ciega y la obediencia infantil. Estas actitudes constituyen, más tarde, un inconveniente grave para aquellas personas que quieran alistarse en un movimiento progresista. Tal tipo de individuos podrá abogar por la libertad total y, al mismo tiempo, enviar a sus hijos a la catequesis dominical con la excusa de no hacer sufrir a sus ancianos padres, aunque todo ello vaya en contra de sus convicciones. Presentará todos los síntomas de indecisión y dependencia, consecuencia de su fijación a la familia, y no será un buen militante de la libertad. Idéntica situación familiar puede producir también un individuo revolucionario pero de raíz neurótica, que germina frecuentemente entre los intelectuales de clase media. Sus sentimientos de culpabilidad, mezclados con sus sentimientos revolucionarios, lo hacen un miembro poco seguro del movimiento revolucionario.


La educación sexual familiar daña, por necesidad, la sexualidad del individuo. Si una u otra persona logra desarrollar una vida sexual sana, es de ordinario a expensas de sus lazos familiares. La represión de las necesidades sexuales provoca una debilidad general en las facultades intelectuales y emocionales, sobre todo en lo que respecta a la independencia, a la fuerza de voluntad y a la capacidad crítica. La sociedad autoritaria no se preocupa por la moral en sí; atiende más bien a las alteraciones del organismo psicológico que determinan el anclaje de la moral sexual y forman esa específica estructura ideológica que es la base psíquica colectiva de todo orden social autoritario. La estructura servil es una mezcla de impotencia sexual, angustia, necesidad de contar con un apoyo, veneración a un führer, temor a la autoridad, miedo a la vida y misticismo. Se caracteriza por una lealtad devota, entremezclada con impulsos de rebeldía. El miedo a la sexualidad y la hipocresía sexual caracterizan al filisteo y a su ambiente. Los individuos así estructurados son incapaces de vivir en una auténtica democracia y anulan toda tentativa de instaurar y mantener organizaciones inspiradas en principios auténticamente democráticos. Son el terreno abonado sobre el cual pueden crecer las tendencias dictatoriales o burocráticas de los jefes elegidos democráticamente. 


Resumiendo, la función de la familia es doble: 


1- Se reproduce a sí misma mutilando sexualmente a los individuos; perpetuándose, la familia patriarcal también perpetúa la represión sexual y sus derivados: transtornos sexuales, neurosis, alienaciones mentales, perversiones y crímenes sexuales. 


2- Es el semillero de individuos amedrentados ante la vida y temerosos de la autoridad; así, sin cesar, se perpetúa la posibilidad de que un puñado de dirigentes imponga su voluntad a las masas. 


Por eso, la familia tiene para el conservador esa significación peculiar de fortaleza del orden social en el cual cree. Es por esa misma razón, una de las posiciones más encarnizadamente defendidas por la sexología conservadora. Y es que la familia garantiza el mantenimiento del Estado y del organismo social, en el sentido reaccionario. 




Fuente: Wilhelm Reich. Die Sexualität im Kulturkampf (1936)

Leer y escribir en un mundo cambiante. EMILIA FERREIRO


!,,,Hoy día no se sabe muy bien cómo clasificar a los países. Antes había
"desarrollados" y "subdesarrollados", pero esta última calificación pareció
peyorativa y fue reemplazada por un eufemismo: "países en vías de desarrollo".
Pero ¿cuántas décadas puede un país estar "en vías de desarrollo sin acabar
de desarrollarse?". De hecho, muchos de los países que antes parecían estar
"en vías de desarrollo" parecen hoy día condenados a estar "en vías de
subdesarrollo". Hubo una época en que los países se catalogaron en dos
regiones: "Primer mundo" y "Tercer mundo", con un supuesto "Segundo mundo"
que nadie asumió como designación adecuada para sí mismo. Y ahora hemos
regresado a las coordenadas pseudo-geográficas: los ejes "Este" y "Oeste"
desaparecieron, mientras que "Norte" y "Sur" tienen renovada vigencia (lo que
obliga a innegables dificultades propiamente geográficas, tales como ubicar
a Australia en el Norte y a México en el Sur). Yo hablaré de "periferia" para
referirme a este Sur, que también existe... Total, que no sabemos cómo
clasificar a los países, pero sí sabemos qué es la pobreza. Sabemos -y es inútil
que lo ocultemos, porque el World Bank lo sabe y lo dice- que el 80% de la
población mundial vive en zonas de pobreza. Sabemos que ese 80% conjuga
todos los indicadores de dificultad para la alfabetización: pobreza endógena y
hereditaria; baja esperanza de vida y altas tasas de mortalidad infantil;
malnutrición; multilingüismo. (Sabemos, por supuesto, que ese 80% también es
heterogéneo, ya que las desigualdades entre los países se expresan
igualmente en desigualdades internas tanto o más pronunciadas)..."


"... Esos niños (todos los niños) no necesitan ser motivados para aprender. Aprender es su oficio.
Small children learn, they learn all the time. Todos los objetos (materiales y/o
conceptuales) a los cuales los adultos dan importancia, son objeto de
atención por parte de los niños. Si perciben que las letras son importantes para
los adultos (sin importar por qué y para qué son importantes) van a tratar de
apropiarse de ellas. Todas las encuestas coinciden en un hecho muy simple: si
el niño ha estado en contacto con lectores antes de entrar a la escuela,
aprenderá más fácilmente a escribir y leer que aquellos niños que no han
tenido contacto con lectores. ¿En qué consiste ese "saber" pre-escolar?
Básicamente, en una primera inmersión en la "cultura letrada": haber
escuchado leer en voz alta, haber visto escribir; haber tenido la oportunidad
de producir marcas intencionales; haber participado en actos sociales donde
leer y escribir tiene sentido; haber podido plantear preguntas y obtener algún
tipo de respuesta. La relación entre las marcas gráficas y el lenguaje es, en sus
inicios, una relación mágica que pone en juego una tríada: un intérprete, un
niño y un conjunto de marcas. El intérprete (que, en sentido estricto habría
que llamar "interpretante" por razones imposibles de desarrollar aquí) informa al
niño, al efectuar ese acto aparentemente banal que llamamos "un acto de
lectura", que esas marcas tienen poderes especiales: con sólo mirarlas se
produce lenguaje. ¿Qué hay en esas marcas para que el ojo incite a la boca
a producir lenguaje? Ciertamente, un lenguaje peculiar, bien diferente de la
comunicación cara a cara. El que lee no mira al otro, su destinatario, sino a la
página. El que lee parece hablar para otro allí presente, pero lo que dice no es
su propia palabra, sino la palabra de un "Otro" que puede desdoblarse en
muchos "Otros", salidos de no se sabe dónde, escondidos también detrás de
las marcas. El lector es, de hecho, un actor: presta su voz para que el texto se
re-presente (en el sentido etimológico de "volver a presentarse"). El lector habla
pero no es él quien habla; el lector dice, pero lo dicho no es su propio decir
sino el de fantasmas que se realizan a través de su boca. La lectura es un gran
escenario donde es preciso descubrir quienes son los actores, los "metteurs en
scène" y los autores. (Sin olvidar a los traductores porque, en gran medida, la
lectura es presentación de otra lengua, semejante pero diferente de la lengua
cotidiana). Parte de la magia consiste en que el mismo texto (o sea, las mismas
palabras, en el mismo orden) vuelven a re-presentarse una y otra vez, delante
de las mismas marcas. ¿Qué hay en esas marcas que permite no solamente
explicitar lenguaje, sino provocar el mismo texto oral, una y otra vez? La
fascinación de los niños por la lectura y relectura del mismo cuento tiene que
ver con este descubrimiento fundamental: la escritura fija la lengua, la controla
de tal manera que las palabras no se dispersen, no se desvanezcan ni se
sustituyan unas a otras. Las mismas palabras, una y otra vez. Gran parte del
misterio reside en esta posibilidad de repetición, de reiteración, de representación.
Hay niños que ingresan a la lengua escrita a través de la magia
(una magia cognitivamente desafiante) y niños que entran a la lengua escrita
a través de un entrenamiento consistente en "habilidades básicas". En general,
los primeros se convierten en lectores; los otros, en iletrados o en analfabetos
funcionales. ..."

lunes, 25 de junio de 2012

felicitación de cumpleaños

que importa ultimo?


si lo unico que vale es que tu tiempo sea cotizado en el mercado.

que importa lluvia?

si tu auto tiene aromas para espejos empañados.

que importa negro?

si el arco iris y tu piel se exponen en el centro urbano.

que importa dignidad?

si tu amante y mi diccionario se festejaron en tu ultimo cumpleaños.

nada ya obliga

nada ya obliga a morir por ello...


las causas son apenas refugios.



no quedan venas repletas en sangre exitante.



se secaron, bajo el sol, todas las dagas.

Literaturas Eslavas

Vissarión Bielinski. Carta a Gógol


Carta a Gógol[1]Usted tiene razón solamente en parte, al ver en mi artículo a una persona enojada: este epíteto es demasiado débil y tierno para expresar el estado al que me llevó la lectura de Su libro.[2] Pero no tiene razón del todo, al adscribir esto a Sus, realmente no del todo halagüeños, pareceres sobre los admiradores de Su talento. No, en esto hubo una razón más importante. El sentimiento del amor propio ofendido se puede incluso sobrellevar, y yo hubiera conseguido hacer callar mi razón sobre este punto, si el asunto residiera solo en eso. Pero no se puede sobrellevar el sentimiento ofendido de la verdad, la dignidad humana; no es posible quedarse callado cuando bajo la protección de la religión y el amparo del látigo se predican la mentira y la inmoralidad como verdad y virtud.



Sí, yo lo quería a Usted con toda la pasión con la cual el hombre sanguíneamente ligado a su país puede amar a su esperanza, honor, gloria, a uno de sus grandes conductores en el camino del conocimiento, el desarrollo, el progreso. Y Usted tenía una razón fundamental para al menos por un minuto salir de un tranquilo estado anímico, tras perder el derecho a ese amor. Le digo esto no porque yo considere mi amor como una recompensa al gran talento, sino porque en este sentido represento no uno, sino una multitud de personajes, de los cuales ni Usted ni yo hemos visto el mayor número y que, a su vez, tampoco lo han visto nunca a Usted.



No estoy en condiciones de darle ni la más mínima noción de la indignación que despertó Su libro en todos los corazones nobles, ni el chillido de salvaje alegría que soltaron con su aparición todos Sus enemigos –literarios (los Chíchikov, los Nozdriov, los Alcaldes y otros) y no literarios, cuyos nombres Le son conocidos–. Usted mismo ve bien que de Su libro se ha apartado incluso gente del mismo espíritu que el Suyo.[3] Si hubiera sido escrito a consecuencia de una convicción profundamente sincera, aun entonces hubiera debido causar en el público la misma impresión. Y si todos lo han tomado (salvo algunas pocas personas, a las que hay que ver y conocer para no alegrarse de su aprobación) por una astuta pero demasiado enmascarada travesura para lograr puramente por medios celestiales objetivos terrenos, de esto sólo Usted es culpable. Y esto no es asombroso en lo más mínimo, sino que lo asombroso es que Usted encuentre esto asombroso. Yo creo que es porque conoce profundamente Rusia solo como artista, y no como un pensador,[4] rol que asumió tan malogradamente en Su fantástico libro. Y no porque no sea una persona pensante, sino porque ya hace tantos años que está acostumbrado a mirar a Rusia desde Su maravillosa lejanía,[5] y ya se sabe que nada es más fácil que, desde lejos, ver las cosas tal como nosotros queremos verlas; porque Usted en esta maravillosa lejanía vive completamente ajeno a ella, dentro de sí mismo o de un círculo uniforme, construido igual que Usted y sin fuerzas para oponerse a Su influencia sobre él.



Por eso Usted no ha advertido que Rusia ve su salvación no en el misticismo, no en el ascetismo, no en el pietismo, sino en los logros de la civilización, la instrucción, el humanitarismo. Ella no necesita sermones (¡bastantes ha oído!), no oraciones (¡bastantes las ha machacado!), sino el despertar en el pueblo del sentimiento de la dignidad humana, tantos siglos perdido en el barro y en el estiércol; derechos y leyes, configurados no con la enseñanza de la Iglesia sino con la del sentido común de justicia, y un severo –en lo posible– cumplimiento. Pero en lugar de esto ella presenta el horroroso espectáculo de un país donde los hombres comercian a los hombres –sin tener en esto ni aquella justificación que con picardía aprovechan los plantadores americanos, asegurando que el negro no es un hombre–, donde los hombres mismos no se llaman con nombres, sino con apodos: Vañkas, Stiéshkas, Vaskas, Palashkas; un país donde, finalmente, no solamente no hay ninguna garantía para la persona, el honor y la propiedad, sino que ni siquiera hay un orden policial, sino inmensas corporaciones de diversos ladrones de servicio. Las más vivas y contemporáneas cuestiones nacionales en Rusia son ahora: la aniquilación del derecho de servidumbre, la supresión del castigo corporal, introducir en lo posible un severo cumplimiento al menos de aquellas leyes que ya existen. Esto lo siente incluso el mismo gobierno (que sabe muy bien lo que hacen los terratenientes con sus campesinos y cuántos de los primeros matan los últimos cada año), lo que se demuestra con sus tímidas e infructuosas semi-medidas en provecho de los negros blancos y el cómico reemplazo del látigo de una punta por el de tres puntas.



¡Estas son las cuestiones en las que está inquietamente ocupada Rusia en su apático semi-sueño! Y en este momento un gran escritor, que con sus admirablemente artísticas, profundamente verdaderas creaciones tan poderosamente cooperó a la autoconciencia de Rusia, al darle la posibilidad de echar una mirada a sí misma como si fuera en un espejo, aparece con un libro en el cual, en nombre de Cristo y de la Iglesia, enseña al bárbaro-terrateniente a obtener más dinero de los campesinos, ¡injuriando sus “jetas sin lavar”!... ¿Y esto no debía llevarme a la indignación? Pero es que si Usted hubiera revelado un atentado contra mi vida, aun entonces no lo odiaría más que por estos vergonzosos renglones… ¿Y después de esto quiere que creamos en la sinceridad del tono de su libro?...



¡No! Si Usted efectivamente hubiera estado lleno de la verdad de Cristo, y no de la enseñanza del diablo, de ningún modo hubiera escrito aquello a Sus adeptos entre los terratenientes. Usted les hubiera escrito que así como sus campesinos son sus hermanos en Cristo, y el hermano no puede ser el esclavo de su hermano, ellos debían o darles la libertad, o al menos usufructuar sus esfuerzos del modo más benéfico para aquellos que fuera posible, reconociéndose, en el fondo de sus conciencias, en una situación mentirosa en relación con aquellos… Y la expresión: “¡ah, tú, jeta sin lavar!” ¿De qué Nozdriov, de qué Sobakiévich oyó Usted esto, para entregar al mundo como un gran descubrimiento en provecho y buen ejemplo de los muyiks rusos, que aun sin eso, porque no se lavan, habiendo creído a sus señores ellos mismos no se consideran personas? ¿Y su noción sobre el juicio nacional ruso y la condena, ideal que Usted encuentra en las palabras de una estúpida mujer, del relato de Pushkin, y según cuyo razonamiento se debe azotar al justo y al culpable?[6] Pero es que entre nosotros eso sucede con frecuencia, aunque más bien azotan solamente al justo, ¡si no tiene modo de emanciparse del delito de ser culpable sin culpa! ¿Y semejante libro podía ser el resultado de un difícil proceso interior, de un alto esclarecimiento espiritual? ¡No es posible!... O Usted está enfermo, y necesita apurarse a tratarse, o… no me atrevo a manifestar mi pensamiento…



Predicador del látigo, apóstol de la ignorancia, partidario del oscurantismo, panegirista de los modos de vida tártaros, ¿qué hace? Eche una mirada bajo Sus pies, pues Usted está sobre un abismo… Que Usted apoye semejante enseñanza en la Iglesia ortodoxa todavía lo entiendo: ella siempre fue soporte del látigo y servidora del despotismo. Pero a Cristo, ¿a Cristo para qué lo mezcla en esto? ¿Qué encuentra en común entre él y una –aun con más razón– Iglesia ortodoxa? Él fue el primero en divulgar a la gente la enseñanza de la libertad, la igualdad y la hermandad, y con el martirio grabó y afirmó la verdad de su enseñanza. Y eso fue la salvación de la gente en tanto no se organizó en la Iglesia y no tomó como base los principios de la ortodoxia. La Iglesia apareció entonces como una jerarquía, es decir, partidaria de la desigualdad, adulona del poder, enemiga y perseguidora de la hermandad entre la gente, lo que continúa siendo hasta ahora. Pero el sentido de la enseñanza de Cristo fue descubierto por el movimiento filosófico del siglo pasado. Y por eso un Voltaire, al apagar en Europa con el arma de la burla las hogueras del fanatismo y la ignorancia, es por supuesto más hijo de Cristo, cuerpo de su cuerpo y hueso de sus huesos, que todos vuestros popes, obispos, metropolitas y patriarcas, orientales y occidentales. ¿Acaso Usted no sabe esto? Pero es que esto ahora para cualquier colegial no es en absoluto una novedad…



Y por eso, ¿es posible que Usted, el autor de El inspector y Almas muertas, es posible que Usted sinceramente, de corazón, haya cantado el himno al innoble clero ruso, poniéndolo inconmensurablemente más alto que el clero católico? Pongamos que Usted no sepa que el segundo alguna vez haya sido algo, en tanto que el primero nunca fue nada, salvo un sirviente y un esclavo del poder terrenal, ¿pero es posible también que realmente Usted no sepa que nuestro clero se encuentra en el desprecio generalizado de la sociedad rusa y el pueblo ruso? ¿Sobre quién cuenta el pueblo ruso cuentos obscenos? Sobre el pope, la mujer del pope, la hija del pope y el trabajador del pope. ¿A quién llama el pueblo ruso raza de tontos, pillos...? A los popes. ¿No es acaso el pope en Rusia, para todos los rusos, el representante de la glotonería, la avaricia, el servilismo, la desvergüenza? ¿Y acaso Usted no sabe esto? ¡Es extraño! Para Usted, el pueblo ruso es el más religioso del mundo: ¡mentira! El fundamento de la religiosidad es el pietismo, la veneración, el miedo de Dios. Pero el ruso pronuncia el nombre de Dios rascándose el traste. Ante la imagen dice: conviene, se reza; no conviene, tapar las ollas.[7] Fíjese más atentamente, y verá que por su naturaleza es un pueblo profundamente ateo. Hay todavía en él mucha superstición, pero ni huella de religiosidad.



La superstición pasa con los logros de la civilización, pero la religiosidad a menudo se aviene incluso con ellos; el ejemplo vivo es Francia, donde ahora hay muchos católicos sinceros, fanáticos, entre personas instruidas y cultas, donde muchos, apartados del cristianismo, de todos modos persisten obstinadamente en algún dios. El pueblo ruso no es así: la exaltación mística no está para nada en su naturaleza; tiene demasiado sentido común, claridad y sentido positivo en la mente: y es en esto que, quizás, se encierra la inmensidad de sus destinos históricos en el futuro. La religiosidad no ha prendido en él ni siquiera en lo que hace al clero; pues algunas personalidades separadas, exclusivas, que se distinguen por una contemplación fría y ascética… no declaran nada. La mayoría de nuestro clero siempre se distinguió solamente por sus panzas gordas, la pedantería teológica y la ignorancia salvaje. Es un pecado culparlo de intolerancia religiosa y fanatismo; antes se lo puede alabar por su indiferencia ejemplar en materia de fe. La religiosidad apareció entre nosotros solo en las sectas cismáticas, tan opuestas por su espíritu a la masa del pueblo y tan poca cosa numéricamente ante ella.



No voy a extenderme sobre Su ditirambo de la relación amorosa del pueblo ruso con sus amos. Le diré directamente: este ditirambo en nadie encontró simpatía y lo ha arruinado a Usted incluso a los ojos de gente que en otros sentidos Le es muy cercana por su orientación. En lo que hace a mí personalmente, dejo a Su conciencia embriagarse en la contemplación de la belleza divina de la autocracia (eso es cómodo, dicen, y provechoso para Usted); solo continúe contemplándola juiciosamente desde Su maravillosa lejanía: de cerca, no es tan hermosa ni tan inofensiva… Le advertiré solamente una cosa: cuando a un europeo, sobre todo a un católico, lo domina el espíritu religioso, se vuelve acusador del poder injusto, semejante a los profetas hebreos, que denunciaban la ilegitimidad de los fuertes de la tierra. Pero entre nosotros es al revés: a una persona (incluso decente) le agarra una enfermedad, conocida por los médicos psiquiatras como manía religiosa, e inmediatamente ha de adular más al dios terrenal que al celestial, e incluso tanto más de lo debido, que aquel quisiera recompensarlo por su servil solicitud, pero ve que con esto se comprometería a los ojos de la sociedad… ¡Somos pícaros los rusos!...



Recordé todavía que en Su libro Usted afirma como gran e indiscutible verdad como que saber leer y escribir, a la gente humilde, no solo no le es útil sino que le es decididamente dañino. ¿Qué decirle a esto? Lo perdonará a Usted su dios bizantino por este pensamiento bizantino, solo si al volcarlo al papel Usted no sabía lo que estaba creando… “Pero, quizás –me dirá Usted–, pongamos que yo me extravié, y todos mis pensamientos son una mentira; ¿pero por qué me quitan el derecho a extraviarme y no quieren creer en la sinceridad de mis extravíos?” Porque, le respondo a Usted, semejante orientación en Rusia hace tiempo ya que no es una novedad. Incluso no hace mucho fue enteramente agotada por Búrachek con su cofradía. Por supuesto, en Su libro hay más inteligencia e incluso talento (aunque una y otro no son muy ricos en él) que en las obras de aquellos; en cambio ellos desarrollaron un aprendizaje común a ellos y a Usted con mayor energía y mayor unidad, llegaron audazmente hasta sus últimos resultados, entregaron todo al dios bizantino, nada dejaron a Satán; entonces Usted, queriendo ponerle una vela a uno y a otro, cayó en contradicciones, salvaguardaba, por ejemplo, a Pushkin, la literatura y el teatro que, desde Su punto de vista, solo con que Usted tuviera la honestidad de ser consecuente, en nada pueden servir para salvar el alma, sino que en mucho pueden servir para arruinarla.



¿La cabeza de quién podía digerir la idea de que Gógol y Búrachek eran idénticos? Usted se ha puesto demasiado alto en la opinión del público ruso para que éste pueda creer de Usted la sinceridad de semejantes convicciones. Lo que parece natural en los tontos no puede parecer lo mismo en el genio. Algunos estuvieron a punto de detenerse en la idea de que Su libro era el fruto de un desorden mental, cercano a una locura positiva. Pero pronto se apartaron de tal conclusión: claramente, este libro no fue escrito en un día, ni en una semana, ni en un mes, sino que quizás en un año, en dos o tres; en él hay una relación; a través de la negligente exposición se descubre algo premeditado, y los himnos a los órganos del poder construyen bien la situación terrenal del devoto autor…



Por eso se extendió el rumor en Petersburgo de como que Usted había escrito este libro con el objeto de caer como preceptor del hijo del heredero. Aún antes de esto en Petersburgo se hizo conocida Su carta a Uvárov, donde dice con amargura que a Sus creaciones en Rusia le dan un sentido erróneo, luego exterioriza insatisfacción con Sus anteriores obras y anuncia que solamente se quedará satisfecho con Sus obras cuando aquel que etcétera.[8] Ahora juzgue Usted mismo: ¿es posible asombrarse de que Su libro lo haya arruinado a Usted a los ojos del público como escritor y, más aún, como hombre?



Usted, en cuanto yo veo, no comprende del todo bien al público ruso. Su carácter se determina por la situación en la sociedad rusa, en la que hierven y estallan hacia afuera fuerzas frescas, pero que aplastadas por un pesado yugo, sin encontrar salida, causan solamente abatimiento, tristeza, apatía. Solamente en la literatura, a pesar de la censura tártara, hay todavía vida y movimiento hacia delante. Por eso es que el nombre de escritor entre nosotros es tan honorable, por eso es tan fácil entre nosotros el éxito literario, incluso con un talento pequeño. El título de poeta, el nombre de escritor entre nosotros hace tiempo ya que eclipsó el oropel y los uniformes de distintos colores. Y por eso entre nosotros en particular se recompensa con la atención general cada orientación de las así llamadas liberales, incluso con pobreza de talento, y por eso cae tan rápido la popularidad de los grandes poetas, que sincera o insinceramente se entreguen al servicio de la ortodoxia, la autocracia y el modo tradicional de vida.[9]



Un ejemplo patente es Pushkin, al que le bastó escribir solamente dos o tres poesías de adhesión al gobierno y ponerse la librea de gentilhombre de cámara para privarse de repente del amor del pueblo. Y Usted se equivoca intensamente si piensa en broma que Su libro ha caído no por su mala orientación sino por la aspereza de las verdades que Usted habría dicho a todos y cada uno.[10] Pongamos que Usted haya podido pensar esto de los autorzuelos, pero el público ¿cómo podía caer en esta categoría? ¿Acaso Usted en El inspector y Almas muertas le ha manifestado menos amargas verdades, menos ásperamente, con menor verdad y talento? Y él, efectivamente, se ha enojado con Usted hasta el furor, pero El inspector y Almas muertas no cayeron cuando Su último libro se hundió vergonzosamente en la tierra. Y el público en esto tiene razón: ve en los escritores rusos sus únicos guías, defensores y salvadores de la oscuridad de la autocracia, la ortodoxia y el modo de vida tradicional, y por eso, siempre dispuesto a perdonar al escritor un libro malo, nunca le perdona un libro dañino. Esto muestra cuánto hay en nuestra sociedad, aunque aún en embrión, de fresca y sana intuición, y esto demuestra que tiene futuro. Si Usted ama a Rusia, ¡alégrese junto conmigo de la caída de Su libro!...



No sin algún sentimiento de autocomplacencia Le diré que creo conocer un poco al público ruso. Su libro me asustó por la posibilidad de una mala influencia en el gobierno, en la censura, pero no en el público. Cuando corrió en Petersburgo el rumor de que el gobierno quiere imprimir Su libro en muchos miles de ejemplares y venderlo al precio más bajo, mis amigos se abatieron, pero yo les dije entonces que fuera como fuera ese libro no iba a tener éxito, y pronto se olvidarían de él. Y efectivamente, ahora es más recordado por todos los artículos sobre él que por él mismo. ¡Sí, el ruso tiene, aunque aún no desarrollado, un profundo instinto de verdad!



El parecer Suyo, quizás, incluso podía ser sincero. Pero la idea de llevarlo a conocimiento del público fue la más desgraciada. Los tiempos de una ingenua devoción hace tiempo ya que pasaron también para nuestra sociedad. Ello recuerda ya que rogar en todas partes es lo mismo, y que en Jerusalén buscan a Cristo solo las personas o que nunca lo llevaron en su pecho o que lo perdieron. Quien es capaz de sufrir a la vista del sufrimiento ajeno, a quien le pesa el espectáculo de la opresión de las personas diferentes a él, ese lleva a Cristo en su pecho y no tiene por qué ir a pie a Jerusalén. La humildad, predicada por Usted, primero, no es nueva, y segundo, responde de un lado con un terrible orgullo, y de otro con la más vergonzosa humillación de su dignidad humana. La idea de convertirse en una abstracta perfección, de estar por encima de todos con la humildad puede ser fruto solo o del orgullo, o de la debilidad mental, y en los dos casos lleva ineludiblemente a la hipocresía, la mojigatería, el kitaísmo[11].

Y a la vez Usted se ha permitido cínica y suciamente manifestarse no solo acerca de otros (esto solo hubiera sido descortés), sino sobre Usted mismo, lo cual ya es ruin, porque si una persona que golpea a su prójimo en las mejillas despierta indignación, la persona que se golpea las mejillas a sí mismo despierta el desprecio. ¡No! Usted solo está ofuscado, y no sereno, Usted no ha comprendido ni el espíritu ni la forma del cristianismo de nuestro tiempo. No es la verdad de la enseñanza cristiana, sino el enfermizo temor de la muerte, el diablo y el infierno los que alientan en Su libro. ¡Y qué lengua, qué frases! “¡Ahora toda persona ha devenido una basura y un trapo!” ¿Es posible que Usted crea que decir toda, en lugar de toda, significa expresarse bíblicamente?[12] ¡Qué gran verdad es que cuando la persona se da por entero a la mentira lo abandonan la inteligencia y el talento! Si no estuviera puesto Su nombre sobre Su libro y si no estuvieran incluidos aquellos pasajes donde Usted habla de sí como de un escritor, ¿quién hubiera pensado que esta engañadora y sucia bulla de palabras y frases son obra de la pluma del autor de El inspector y Almas muertas?



En lo que toca a mí personalmente, Le repito: se ha equivocado al considerar mi artículo como expresión del fastidio por Su opinión sobre mí como uno de Sus críticos.[13] Si solamente esto me hubiera enojado, solamente a esto hubiera respondido con fastidio, pero sobre todo el resto me hubiera expresado tranquila e imparcialmente. Pero es verdad que Su juicio sobre Sus admiradores es doblemente malo. Comprendo lo imprescindible que es a veces dar un sopapo a un tonto, que con sus adulaciones, su entusiasmo hacia mí, solo me pone en ridículo, pero esta imprescindibilidad pesa, porque de algún modo humanamente es vergonzoso pagar por un amor errado con la enemistad. Pero Usted tenía en vista a personas, si no con una óptima inteligencia, que de todas maneras no eran tontas.



Estas personas en su asombro por Sus creaciones hicieron, quizás, muchas más exclamaciones entusiastas que las cosas que Usted dijo sobre ellos; pero siempre el entusiasmo de ellos por Usted sale de una fuente tan pura y generosa que Usted no hubiera debido entregarlos de cabeza a los enemigos comunes a Usted y a ellos, y además por añadidura culparlos de intención de dar algún sentido reprobable a Sus obras. Usted, por supuesto, hizo esto atraído por la idea principal de Su libro y por imprudencia, pero Viázemski, este príncipe en la aristocracia y lacayo en la literatura, desarrolló Su idea y escribió de Sus admiradores (es decir, de mí sobre todo) una pura denuncia.[14] Hizo esto probablemente en agradecimiento porque Usted a él, un mal poetastro, lo ha promovido a gran poeta, creo, cuanto yo recuerdo, por su “verso marchito, arrastrado por la tierra”[15]. ¡Todo esto está muy mal! Y que Usted solamente esperaba el momento en que Le fuera posible hacer justicia incluso a los admiradores de Su talento (tras habérsela hecho con orgullosa humildad a Sus enemigos), eso yo no lo sé, no podía, y, hay que decirlo, no lo hubiera querido saber. Ante mí estaba Su libro, pero no Sus intenciones. Leía y volvía a leerlo cien veces, y de todos modos no hallaba nada, salvo aquello que había en él, y aquello que había en él me indignaba y ofendía mi alma.



Si yo hubiera dado plena libertad a mi sentimiento, esta carta pronto se hubiera convertido en un grueso cuaderno. Nunca pensaba escribirle a Usted sobre esto, aunque atormentadamente lo deseaba y aunque Usted a todos y cada uno por medio de la prensa ha dado el derecho de escribirle sin ceremonias, teniendo en vista una verdad.[16] Viviendo en Rusia, yo no hubiera podido hacerlo, pues los Shpiekin de allá abren las cartas extrañas no por su gusto personal sino por deber de servicio, por las denuncias. Pero la tisis que comenzó este verano me expulsó al extranjero y N me envió Su carta a Salzburgo, de donde hoy me voy con Annienkov a París vía Frankfurt-sobre el Meine. La inesperada llegada de Su carta me dio la posibilidad de expresarle todo lo que tenía en el alma contra Usted con motivo de Su libro. Yo no sé hablar a medias, no sé andar con astucias: eso no está en mi naturaleza. Que Usted o el propio tiempo me demuestren que me equivocaba en mis conclusiones sobre Usted, seré el primero en alegrarme de esto, pero no me arrepentiré de lo que Le dije. Aquí se trata no de mi o Su persona, sino de un asunto que está muy por encima no solo de mí, sino también de Usted: aquí se trata de la verdad, de la sociedad rusa, de Rusia. Y esta es mi última palabra de conclusión: si Usted ha tenido la desgracia con orgullosa humildad de desdecirse de Sus obras verdaderamente grandes, entonces Usted debe con sincera humildad desdecirse de Su último libro y expiar el pesado pecado de su salida a la luz con nuevas obras, que recuerden sus anteriores.[17]



Salzburgo, 15 de julio de 1847.







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[1] El artículo de Bielinski sobre Pasajes selectos de la correspondencia con amigos causó a Gógol una inmensa impresión. En junio de 1847 él escribió a N. Ia. Prokopóvich: “Leí en estos días la crítica de Bielinski en el segundo número de El Contemporáneo. Parece ser que él ha tomado todo el libro como escrito con respecto a su persona y leyó en él un formal atentado contra todos los que comparten sus ideas”. Con aquel mismo ánimo fue escrita la carta a Bielinski (alrededor del 20 de junio de 1847), que Gógol envió a Prokopóvich con el pedido de que le hiciera una crítica. Bielinski en esta época estaba en el extranjero, en el pequeño pueblo silés de Salzbrunn, adonde lo había empujado una grave enfermedad. N. N. Tiútchev, al recibir de Prokopóvich la carta de Gógol, se la envió, según lo determinado, a Salzbrunn.



En esta carta Bielinski actúa como un enemigo irreconciliable del régimen de servidumbre feudal en Rusia. Bielinski reflejó en ella, como señaló Lenin, “el ánimo de los campesinos de la gleba contra el derecho de la servidumbre”. Después de la muerte de Bielinski su nombre fue prohibido de utilizar en la prensa. Fueron tomadas particulares medidas contra la difusión de la “Carta a Gógol”, cuyo sentido revolucionario quedó claro ya en 1849, en relación con el caso de los petrashevskianos. Por la lectura de la “Carta” las potestades del zar condenaban a la pena de muerte. No obstante, tuvo rápidamente una inmensa popularidad, jugando un gran rol en la historia del movimiento revolucionario ruso de liberación. En el transcurso de dos décadas y media la “Carta a Gógol” no podía ser publicada en Rusia y se difundía sólo secretamente en copias manuscritas. Fue impresa por primera vez en Londres por Herzen, en La Estrella Polar, en 1855. Al leerle Bielinski la carta en París, aquel la comunicó a sus amigos emigrados diciendo: “Esta es una cosa genial, y además creo que es su testamento”.



[2] Esto es una respuesta a las palabras de Gógol, con las que comenzaba su carta a Bielinski (alrededor del 20 de junio de 1847): “Leí con gran pesar su artículo sobre mí en El Contemporáneo, no porque me pesara la humillación en la que Usted quiso ponerme a la vista de todos, sino porque en él se oye la voz de una persona enojada conmigo”.



[3] Alusión a los Aksákov.

[4] Gógol se vio obligado a convenir con esta afirmación de Bielinski.



[5] Bielinski aquí parafrasea irónicamente el conocido pasaje del capítulo XI de Almas muertas: “¡Rusia, Rusia! Te veo, ¡te veo desde mi maravillosa y magnífica lejanía!”



[6] Alusión a la idea reaccionaria desarrollada por Gógol sobre “el juicio divino”, al cual está sujeto el justo y el culpable. Gógol recuerda en relación con esto a la mujer del capitán de La hija del capitán, que “al enviar al teniente a juzgar al soldado centinela y la mujer, que se han peleado en el baño por un balde de madera, le suministra esta instrucción”: “Comprueba quién tiene razón y quién es culpable, pero castiga a los dos”.



[7] Proverbio ruso: está traducido literalmente. No podemos explicar de dónde toma su sentido lo de “tapar las ollas” pero de todos modos el proverbio se comprende.



[8] La carta de la que se habla fue escrita por Gógol el 2 de mayo de 1845 en respuesta a la comunicación al ministro de instrucción Uvárov sobre que al escritor le ha sido obtenida una pensión anual de 1.000 rublos por tres años.



[9] La palabra en ruso es “naródnost”, y en cierta forma refiere a eso.



[10] En su carta a Bielinski, Gógol intenta explicar la razón del descontento de muchas personas con Pasajes selectos… por haberles dado “un pequeño sopapo”, que “resultó tan groseramente torpe y tan ofensivo”.



[11] De Kitai (“China”), término usado frecuentemente por Bielinski como sinónimo de retraso, oscurantismo, etc.

[12] Intraducible. Gógol escribe el adjetivo en forma abreviada (vsiak en lugar de vsiakiy), como aparece en la Biblia.



[13] En Pasajes selectos… hay una serie de groseros ataques contra Bielinski, aunque en el libro no sea llamado por su nombre. Por ejemplo, en un capítulo “Sobre la Odisea” leemos: “Solamente algunos últimos lectores, acostumbrados a sostenerse de la cola de los jefes de revistas, releen todavía alguna cosa, sin advertir en su simpleza que los cabrones que los acaudillan hace tiempo que se quedaron pensativos, sin saber ellos mismos adónde conducir sus extraviados rebaños”.



[14] Bielinski tenía todos los fundamentos para calificar como”denuncia” el artículo de P. A. Viázemski “Iazikov-Gógol”, sobre el cual se habla. Viázemski no solamente saludaba entusiastamente Pasajes selectos…, sino que de hecho convocaba a un castigo para aquellos críticos que querían “poner a Gógol como cabeza de cierta nueva escuela literaria, personificando en ella alguna negra bandera literaria”.



[15] En Gógol, en el capítulo: “En qué consiste finalmente el ser de la poesía rusa y su particularidad”: “Este pesado, como si se arrastrara por la tierra verso de Viázemski.”



[16] Alusión al prefacio de Gógol a la segunda edición de Almas muertas (1846).



[17] Gógol fue sacudido por la carta de Bielinski. Escribió una extendida carta en la que de manera muy áspera negaba las inculpaciones de Bielinski. Esta carta, sin embargo, no la envió, la rompió. Los menudos pedazos de papel postal, en el que estaba escrita, los reveló el primer biógrafo de Gógol P. A. Kúpish y restableció casi todo el texto. El 10 de agosto de 1847 Gógol escribió una segunda carta a Bielinski. Esta comenzaba con las palabras: “No puedo contestar enseguida a su carta. Mi alma está agotada, todo en mí está sacudido”. Esta carta se diferenciaba esencialmente por su contenido y tono de la precedente. Gógol aquí ya estaba inclinado a reconocer “parte de verdad” en las inculpaciones de Bielinski (“Sabe Dios, quizás en vuestras palabras hay parte de verdad”).